sábado, 6 de junio de 2009

Guy Bourdin







La belleza fémenina prospera entre las fotos más agresivas de Bourdin. Sin poder olvidar a su madre bellamente pelirroja, busca en delgadísimas módelos su imagen celestial.


Masoquista por excelencia bizarrea en los colores fuertes y en la imagen de la mujer como auténtico ser; resalta el erotismo, en la sensualidad y calidez que sólo puede emanar una fémina. Intenta mostrar el cuerpo don delicadeza, curvando y doblando las extremidades para dar y rescatar lo curvilíneo del cuerpo.

Es casi una burla perfecta a la mujer lo que logra que Bourdin sea un maestro en la fotografía. Una burla siniestra y sensual del corazón y de la bondad que las destaca entre los hombres. Las únicas capaces tener esas miradas enamoradizas de la vida, del hombre, de la mujer, los niños, los arcoiris, los perros, los gatos, el cielo, las estrellas y la luna, el mar y el sonido de los ríos, el olor de las plantas y el suave calor del sol, el calor del sol quemando la piel, la arena, el viento, la nieve, la ropa, los zapatos, los celulares y la música, el color de pelo, de ojos, las tetas,las váginas y los penes, el fránces y el italiano, el español y los rubios, la playa y el verde, el rojo pasión, los corazones y peluches, las rosas y los claveles, los anillos, collares, pulseras, las carteras, escribir y leer, las matemáticas, los sombreros y las gáfas, bailar y cantar, las guitarras y los olores, el café y los cigarros, los pasteles, las verduras, el agua, el pan, la carne y el fuego. Las únicas que aman y odian con el corazón.

Bourdin es agresivo y repulsivo pero exquisito.

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