Esperando el desenlace,
te veo agonizar.
Con los ojos abiertos y bien despiertos,
observo tu mirar despierto, ya no me reflejo en él.
Lloro a solas, intentando escuchar el palpitar de tu corazón.
Si algo me diera fe.
Distractora despedida,
tan esperada a la vez.
No es que esté expectante,
ojalá nunca llegara.
Pero llegará, algo está en mí.
Espero el desenlace, como película dramática.
Practico mi discurso, mis lágrimas, mi forma de mirarte,
mi forma de besarte al despedirme.
Suicido emocional, le llaman.
viernes, 15 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Arrepentimiento de ciertos párrafos mal agradecidos, pecando de ignorante
Me he leído y re leído tantas veces, que me pierdo.
Y me arrepiento de tantas palabras mal escritas y dichas, aunque ya no digo.
Me descubrí hablando de Dios, casi creyendo en él, me avergoncé.
Debo haber estado desesperada de compasión,
que me deje llevar por la creencia más ignorante y desolada, Dios.
Sin jurarle amor y respeto, lo nombre un par de veces,
entregándole absurdos y precarios simbolismos,
como sólo un católico miedoso lo hace.
Me arrepiento de mi ignorancia incorrecta.
Vuelvo a las blasfemias que aprendí de niña, de mi misma.
Canto a la belleza de sólo creer en los hechos, en los ocurrentes y desgraciados hechos.
Me avergüenzo de la desolada idea de nombrar a un "ser supremo",
entregando ciertos respetos banales, de señora de junta vecinal,
de la tía que guarda una foto del "Halcón de Chicureo"
y le prende velitas al anochecer.
No me convertiré en anciana que construye altares de vírgenes del Carmen.
Y me arrepiento de tantas palabras mal escritas y dichas, aunque ya no digo.
Me descubrí hablando de Dios, casi creyendo en él, me avergoncé.
Debo haber estado desesperada de compasión,
que me deje llevar por la creencia más ignorante y desolada, Dios.
Sin jurarle amor y respeto, lo nombre un par de veces,
entregándole absurdos y precarios simbolismos,
como sólo un católico miedoso lo hace.
Me arrepiento de mi ignorancia incorrecta.
Vuelvo a las blasfemias que aprendí de niña, de mi misma.
Canto a la belleza de sólo creer en los hechos, en los ocurrentes y desgraciados hechos.
Me avergüenzo de la desolada idea de nombrar a un "ser supremo",
entregando ciertos respetos banales, de señora de junta vecinal,
de la tía que guarda una foto del "Halcón de Chicureo"
y le prende velitas al anochecer.
No me convertiré en anciana que construye altares de vírgenes del Carmen.
Mal Construcción
Por esos caminos redondos sin vuelta ni esquinas,nos dirigimos a seguir siendo nuestros,
sin mirar atrás avanzamos por las irregularidades de la sociedad,
saltando obstáculos sin meta,
principios eternos que parecieran no tener jamás un fin,
menos uno de película.
Nadamos por horizontes siniestros,
distantes a la realidad,
creando sueños utópicos y realistas,
que en conjugación con la verdad sólo eran cuentos infantiles sin prosperidad,
tanta soledad.
Me creí siendo tuya, tan tuya, que olvide mi nombre.
Recorrimos desiertos de concreto y tierra,
bosques sin sol y salida
ritmos ásperos de miedo y martirio,
creyendo que era amor, amor sólo amor.
Olvidamos aspiraciones mágicas,
ilusiones ópticas, encantos de hadas de reinos ilógicos y ridículos,
nos dejamos llevar por lo siniestro y el encierro.
Te creí siendo mía, tan mía, que sólo recuerdo tu nombre.
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