Recuerdos malditos, avientándome en la cabeza, los siento chocar contra mi cuesca.
¿Y los miedo? siempre, siempre, siempre me persiguen, fue tan así, que construí un muro debil y fatídico, arrancando de ellos, me tropecé una y mil veces.
Y aquí estoy, temblando otra vez, se acercan de a poco, susurrandome lenguajes extraños, caricias pasadas, olores distintos, gente olvidada.
Y ¿mi actitud? ¿qué actitud? me he vuelto bicho asqueroso, arrancando desde la basura de los demás, dando vueltas en mi alcoholismo renegado y oculto.
Estoy en fiesta y ellos se acerca recordandome que más tarde me harán trizas el corazón.
Muevo la cabeza dejándolos escapar, pero vuelven una y otra vez.
Las madres me lloran, rogandome ser una buena hija, y corro despavorida entre malezas y botellas, entre amigos y hermanos.
Las madres me persiguen con sangre en los ojos, una mujer vestida de virgen me mira y me deja esconderme entre sus ropajes, me oculta.
Tengo tanto miedo que no puedo evitar temblar, el cuerpo me duele y me desespera estar encerrada en él, lo quiero matar. Lo repudio!
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