domingo, 30 de mayo de 2010

Pero si me dijiste que podía quedarme en tu casa

Entre a tu cama con los pies helados, afuera estaba nublado y ya estaba de día,
nublado por que era madrugada y frio porque era madrugada.
Acurruqué mi cuerpo pálido de frio junto al tuyo,
tan tibio y perfecto.
Al acercar las patitas de empanada que me llevan a caminar por tu ciudad,
corriste los tuyos, flacos y buenosmozos, tiritaste como niñita violada.

Te dije suavemente, con olor a ron añejo bebido vaso a vaso en una fiesta a la vuelta,
"tranquilito, mi amor, es que tengo mucho frio, abrigueme las patitas".
Usé el tono que tanto te gusta cuando regaloneamos en las tardes de pololeo quinceañero,
ése que suena como enfermo mental que aún no sabe que es adulto.

Así me acerqué suavecito, pero tú te enojaste, me insultaste como si fuera un hueón cualquiera,
algunos de ésos con los que te juntas cuando no estás conmigo.

Me enojé, es cierto, pero es que el ron añejo y el frio, y tu maldito humor me sacaron de quisio.
Te mandé a que te devolvierás a la concha de tu madre, a la cual le dije puta porqué eres su hijo.

Ay maricón, que me da rabia tu estilo, tus pantalones sueltos y siempre usados hasta la mitad de tu poto, que además es pequeño.
Y esas poleras con dibujos que nadie conoce, maquero como tú solo y no tienes ni uno, un peso.
No quiero nombrar tus zapatillas, pero ya lo dije, son tan grandes e inútiles por que tú nunca te haz subido a una tabla con ruedas.
Ay maricón, maldito huevón insensible y egoista, si Paquita la del barrio te conociera te escribiría una canción mientras te saca los pelos que dices llamarlos bigotes.
Ay hueón maraco, y ese pelo que parece nido de pájaros con piojos, así como las palomas sin patas y tuertas que andan en la plaza.

Me pusé los zapatos, tenía los pies fríos por que aún era madrugada.
Media ebria, te pegue un combo en la espalda, y mientras corria escaleras abajo te oí toser ahogado, no me importo porqué te olvidaste quien era yo.

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