La cosa es que hay un cerebro que a veces vuela sin cesar, que no camina por las calles, y es cierto que el mundo está creciendo. Y es cierto que nada es lo mismo.
Hoy el sol resplandecia en la tarde, contaba historias de primavera que buscan dueño cada vez que el viento sopla alejando las nubes del cielo y evaporándolas por encima del mar. Me dijo que no queria verme nunca más confundidamente triste, dijo que se sentaría a mi lado para quererme, para decirme que soy hermosa, y yo le sonreí. Lo cierto es que, había olvidado lo inocente y que el sol si está en las tardes.
Se supone que alcanzaríamos a reírnos de la vida, a dejar atrás lo oculto, se supone que estaríamos sentados mirando el sol encima del mar. Encima del mar, como cuando navegabamos en los sueños, y me decías que caminabamos sin parar por lo lugares más bellos de nuestro mundo, porque era nuestro. Pero no llegaste a reir, ni a dejar lo oculto, menos a mirar el sol. Usé gafas, mientras esperaba que llegaras. Entonces me convertí en uno, mire mi cuerpo y tenía todo lo que un individuo debe tener; dos piernas, dos brazos, una cabeza, dos manos y pies, era mujer porque tenía todo lo que una debe tener. Podía hablar y pensar por mi, y no te necesité, me puse de pie y nadie me detuvo, baje y subí escalones y nadie me dijo que no lo hiciera, me quité las gafas y ahí estaba la tarde de primavera, y me recibía a mi, sólo a mi.
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