
Oscilando entre la venguenza de reconocerme como hombre pensante y las críticas de quienes creen reconocerme como tal, me he vuelto ambigüa ante su mirada.
He dejado que me pisotée, que se cree.
He permitido que su angustiosa vida, amarga y llena de espanto se apodere de mi fuerza. Le he permitido mirarme como basura, como si nunca hubiera importando quien soy.
Que se rescostara en mi cama para olerla. Huele a mi, a lo que niegas y reniegas.
Y vienes aquí para insultar mis pensamientos, los mios y los que me rodean.
Quizás he perdido el brillo, las chispa, la juventud, pero no me averguenzo de quien soy, de como me he construido con los años.
No oculto mis caídas, las balas ni la patadas que también me has dado.
No dejo atrás lo que fui, para renacer como diosa entre los humanos.
Soy hombre como tú y no me averguenzo de quien soy.
Y si consumo drogas hasta hartarme, si me masturbo por las noches y no precisamente pensando en ti.
Si huelo a mierda o a flor, si mis amigos son lo peor, si ya no tengo el mismo rostro, si como en abundancia o me cago de hambre; es cosa mia.
Si esperas que yo sea una princesa, yo siempre supe que eres un sapo y así te quedarías
Y así te amé, te esperé, te pensé y te anhelé.
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