miércoles, 4 de noviembre de 2009

Entre todo

A veces me convierto en viento y vuelvo por las calles desconocidas,
recorro los paraderos y acaricio los autos al pasar,
me estanco entre los rincones y huelo la tierra acumulada en las esquinas,
huelo los cabellos salvajes y duros de los animales, y las pieles suaves y risueñas de los niños.

Como viento me vuelvo loco con las hojas, las elevo del suelo y las hago flotar como si fueron viento,
brisa, palabras y fracciones.
Subo hasta las nubes y las muevo de un lugar a otro, las junto con el sol,
las llevo al mar para que se refresquen o hacia los cerros para que giren como molino.

Soy viento deámbulando por los cielos, entre las piernas y los brazos,
rondeándo las cabezas y las ropas.
Despenjando mentes inalcanzables, que corren más allá de mil por horas
Horas que el viento no siente, no siente por que flota, y flota porque está en el cielo.
En el cielo no hay angeles.

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