
Me dicen "la Loren" por una actriz de los cuarenta, me gustan los hombres y yo también soy uno. Fui maricon desde chico, me montaba en las piernas de los viejos que iban a tomar vino con mi papá, sólo para sentir los penes rozar mi raya de niño maricon. Crecí queriendo ser famosa y mujer, mi mamá me hacia los vestidos como si fuera una reina. No tuve amigos hasta que conocí a los 16 años a la Feña buenamoza, un cabro chico vestido como puta. Me fui de mi casa cuando vi que la buenamoza ganaba plata saliendo con viejos y cabros a lo oscurito, al principio me dio asco pero vi que la pasaba tan bien y que podía tener plata para lograr mi sueño de cantar tango en Argentina.
Nos fuimos con "la buenazorra", como le decían los otros maricones del puerto, a la capital a buscar fama y dinero. Trabajabamos en la calle todas las noches, nos ganamos el respeto de las otras y de los clientes. Pero la tentación del poder de querer más nos hizo pensar que ya era hora que partieramos, y yo había convencido a la Feña buenamoza que nos fueramos juntas, ella era buena haciendo vestidos y arreglando la ropa y en el extranjero podíamos hacer maravillas.
El teniente Carlos Marisio había llegado desde el sur. Llevaba 40 años siendo policia y uno corrupto, bueno para ocultar apuestas clandestinas de todo tipo, le gustaba el buen alcohol y las prostitutas, Se codeaba de narcotráficantes y de los poderosos políticos. Su mujer, una tipa que no le tocaba el cuerpo gordo a su marido hace 20 años. A él, gustoso de las putas, no le importaba que ella no le prestara atención, pero para las fotos de la institución, Marisio abrazaba a su esposa mientras ella sonreía cordialmente.
Al teniente Merisio le gustaba organizar fiestas mientras los demás se preocupaban de buscar todo lo necesario para la entretención. Un día con la Feña buenamoza caímos en una casa "capital pa' entro", diría mi mamita, una casona con piscina. Nos sentíamos grandes y poderosas, acercándonos a la fama.
Eramos varias las invitadas a la fiestita, viejos con cara de caliente nos tacaban el entrepiernas, a veces se reían diciendo chistes porque teníamos pene y nos vestíamos de mujer. Nosotras los dejabamos sabiendo que era sólo un momento y que nuestras carteras se llenarían de billetes.
Marisio era el más caliente de todos, tocaba todo lo que pasara cerca de él, hacia que nos sentaramos en sus piernas mientras nos masturbaba. Me recordaba de los viejos cuando era un cabro chico. "Te parecí a la Sophia Loren" me dijo prendiendome un cigarro, mientras la buenamoza bailaba encima de una mesa bañándose en ron. Le respondí que desde que trabajo de puta me dicen lo mismo, es cierto respondió él. Calientes los dos nos fuimos al patio de la casona, era un campo en vez patio. El viejo cochino me tiró al piso, se bajó los pantalones, me mostro su pene gordo y erecto y lo inyectó en mi boca, paso seguido, me dio vuelta, subió mi falda, resgó mi calzón y me penetró con fuerza. Chillé como cerdo. Cuando se rindió me dijo que la casona era de él, mirando hacia la gran mole que alumbraba el campo completo, que la mujer con la que se había casado no sabía de muchas propiedades que él tenía, las cuales visitaba cierto tiempo para sus fiestas calentonas.
había pasado un día completo y la fiesta no terminaba. La Feña buenamoza dormía en un rincón sin calzones y con la falda como polera, mientras otras, que ya no les quedaba nada de mujer, seguían jugando a ser putas. De a poco los viejos se empezaron a ir, cuando ya quedabamos la buenamoza, otras tres más que estaban inconcientes y yo, irritada porque nos decían que debíamos irnos solas, Marisio me dijo "tú y la flaca -por la Feña- se quedan, yo les diré cuando irse".
La Feña ya había despertado, cuando el viejo cochino de Marisio nos dijo que subieramos con él. El viejo se había bañado y el sol se ocultaba de un día de fiesta, nos invito a tomarnos un copete, que pidiéramos lo que quisiéramos. Estaba duro el viejo, se había tirados más cocaína que la nieve que hay en la cordillera, se le notaba por los ojos de diablo que tenía.
Apenas nos acomodamos en la pieza, el Teniente Merisio empezó a toquetear a la buenamoza y la hacia que ella hiciera lo mismo con él, yo me incluía al juego pero él me apartaba. Me senté a mirarlos fornicar, viejo asqueroso. Mientras penetraba con dolor a la Feña, me dijo que me acercara y al oído me dijo "¿Querí ver acción puta de mierda?". Cuando logré entender lo que había dicho sonó el cuello de la Feña buenamoza, mientras se la metía la había estrangulado y yo que estaba borracha y caliente, no me di cuenta que el chancho culiao la había matado, le dobló el cuello para que yo fuera testigo de su último respiro.
"Maricón, hijo de puta la mataste, cochino culiao" grite, empujándolo fuera de la cama; el gordo asqueroso me pescó y empezó a lanzar los puños grotescos de sus manos hacia mi rostro, yo trataba de zafarme usando mis brazos con fuerza cuando vi al lado de la cama el plato que había de la buenamoza con un cuchillo encima, con el cual había cortado un trozo de carne que había pedido con permiso de Marisio. Tomé el largo cuchillo y se lo enterré en su torzo con los ojos cerrados. Supe en mi juicio que había traspasado su grasa 43 veces.
Tomé el cuerpo de mi Feña y a la rastra bajé con él las escaleras, grite pero en la casona no había nadie. Era un maricon prostituo y asesino. Corrí como pude con el cadáver, lloré todo un camino entre árboles y malezas sin saber que hacer, quería volver a los vestidos de mi viejita, a las fiestas de mi papá, a los tangos de Eladia Blázques y Olga del Grossi.
Me encontraron acurrucada al cuerpo de mi Feña buenamoza detrás de unos matorrales. Me buscaron por una semana, después que uno de los cuidadores de la casona se diera cuenta que el auto del Teniente Marisio estaba estacionado y no se veía movimiento adentro. Lo encontro tirado desnudo mirando el techo con la gran cuchilla clavada en su estómago. Su mujer no lloró en el funeral, tampoco le tiraron flores al cajón cuando pasó muerto por las floristas del cementerio. Mientras que yo no puedo salir de una cárcel para dejarle unas cuantas a mi Feña buenamoza.
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