lunes, 25 de mayo de 2009

La muerte


La muerte acecha las calles y los glaciares. Las casas húmedas y frías con mujeres golpeadas y niños llorando; las selvas pierden animales día a día por la caza injustificada. La muerte, amiga de los buenos y aliada de los malos, sale de la películas de terror encarnada en humano, buscando víctimas solitarias entre los ríncones del mundo, que acechado por la contaminación en las mentes no ha sabido valorar la tierra y sus semejantes. La naturaleza lucha contra la maldad, se agota. Se reprime entre la basura tirada en las calles, en los hogares, entre la pobreza. En las palabras sucias y a amargas de a quienes nada les interesa.


Los estudios recientes declaran que, todo el calentamiento que han producido las inmensas contaminaciones hechar por el hombre en la tierra, han derretido los hielos más importantes de los polos. Y el hombre no tiene conciencia.


La muerte se asoma suavemente por la puerta, acechando a su víctima, buscando mujeres indefensas, niños desválidos, hombres sin riqueza y toda fuente de vida que entrega oxigéno.


Estamos perdiendo el caso, así como le sucede a varios empaquetados abogados, que utilizan sus mejores herramientas para defender casos atroces, de muerte y dolor, para que luego los víctimarios puedan salir ilesos y joviales por las avenidas y plazas, recorrer los mismo lugares donde malatrataron a sus víctimas, respirando aíre contaminado de maldad. Aún se siente el olor a muerte entre los hombre, olor a víctimas recién cocinadas, recién cocidas para utilizarlas de cartera y botas.


Hasta dónde llegaremos? A dónde llegamos? Quizás la muerte nos viene a salvar de tantos dolor terrenal, de tanta verguenza humana, de tanto ahogo en el mar y en el planeta.



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