viernes, 15 de mayo de 2009

Urgente: Raticida para el rector.


Qué cruel es el hombre! incapacitado para mirar a su alrededor, conocer su entorno, aprender a convivir con los demás sin importar si son de la misma especie (hablo de los animales). Somos tan poco desarrollados de mente, creemos que tenemos el poder en nuestras manos, por eso nos damos el derecho de eliminar todo lo que nos "estorba".


No tengo tiempo, tengo clases, una micro que tomar que se demora más de 30 minutos en llegar a mi establecimiento de educación superior. Pero estoy molestamente dolida por muchas cosas, algunas un tanto personales y otras que afectan directamente a los animales más compañeros de la vida; perros y gatos. No tengo ninguno de los dos en mi casa (pero sufro por tenerlos), pero tengo más de diez perros repartidos desde la avenida Brazil hasta mi universidad, entre ellos destaco a Bob y Dylan, Morisqueta, el Chure, la Rosa Maria, la Flaca, la negra, el Blanquito y tantos otros buenos compañeros, que recorren los caminos para cuidarte o moverte la colita, pegarte una chupadita loca en las piernas o en las manos para que les prestes atención. Sólo quieren un poquito de cariño, así como nosotros también lo requerimos. Son nuestros amigos, no quieren hacer daño, ninguno perro lo quiere hacer y si alguno cometió algún error como morder, es simplemente su instinto animal, en cambio, nosotros si matamos es porque otro nos estorba. Eso es lo que le sucede a mi Rector de universidad, que jamás se pasea por el lugar y nadie lo conoce, pero a él le molestan los perros en su territorio católico y se autoentrego el derecho de "eliminar" a nuestros amigos perrunos. Qué se pudra el mal nacido!


A veces, cuando dudo de mi pensamiento y creo que Dios si existe, y no sólo es creado por mi mente revoltosa (no la misma de los cristianos, esos son tontos), suelo preguntarle por que se lleva a los más buenos y los malos quedan rondeándo nuestro entorno, convirtiéndose en presidentes, curas, monjas, profesores y rectores. Sólo hacen daño.


Ese maldito poder que nos damos, para creernos dueños del mundo. El hombre siempre destruyendo a lo que cree más débil. Somos tan pobres de mente y pareciera que el corazón ya no nos latiera. Ojalás alguien con estas características le ponga un raticida a la comida del rector, a ver si a éste le gusta. Qué se vaya al carajo!

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