lunes, 1 de marzo de 2010

Cosas de putas asesinas


Me dicen "la Loren" por una actriz de los cuarenta, me gustan los hombres y yo también soy uno. Fui maricon desde chico, me montaba en las piernas de los viejos que iban a tomar vino con mi papá, sólo para sentir los penes rozar mi raya de niño maricon. Crecí queriendo ser famosa y mujer, mi mamá me hacia los vestidos como si fuera una reina. No tuve amigos hasta que conocí a los 16 años a la Feña buenamoza, un cabro chico vestido como puta. Me fui de mi casa cuando vi que la buenamoza ganaba plata saliendo con viejos y cabros a lo oscurito, al principio me dio asco pero vi que la pasaba tan bien y que podía tener plata para lograr mi sueño de cantar tango en Argentina.


Nos fuimos con "la buenazorra", como le decían los otros maricones del puerto, a la capital a buscar fama y dinero. Trabajabamos en la calle todas las noches, nos ganamos el respeto de las otras y de los clientes. Pero la tentación del poder de querer más nos hizo pensar que ya era hora que partieramos, y yo había convencido a la Feña buenamoza que nos fueramos juntas, ella era buena haciendo vestidos y arreglando la ropa y en el extranjero podíamos hacer maravillas.


El teniente Carlos Marisio había llegado desde el sur. Llevaba 40 años siendo policia y uno corrupto, bueno para ocultar apuestas clandestinas de todo tipo, le gustaba el buen alcohol y las prostitutas, Se codeaba de narcotráficantes y de los poderosos políticos. Su mujer, una tipa que no le tocaba el cuerpo gordo a su marido hace 20 años. A él, gustoso de las putas, no le importaba que ella no le prestara atención, pero para las fotos de la institución, Marisio abrazaba a su esposa mientras ella sonreía cordialmente.


Al teniente Merisio le gustaba organizar fiestas mientras los demás se preocupaban de buscar todo lo necesario para la entretención. Un día con la Feña buenamoza caímos en una casa "capital pa' entro", diría mi mamita, una casona con piscina. Nos sentíamos grandes y poderosas, acercándonos a la fama.


Eramos varias las invitadas a la fiestita, viejos con cara de caliente nos tacaban el entrepiernas, a veces se reían diciendo chistes porque teníamos pene y nos vestíamos de mujer. Nosotras los dejabamos sabiendo que era sólo un momento y que nuestras carteras se llenarían de billetes.


Marisio era el más caliente de todos, tocaba todo lo que pasara cerca de él, hacia que nos sentaramos en sus piernas mientras nos masturbaba. Me recordaba de los viejos cuando era un cabro chico. "Te parecí a la Sophia Loren" me dijo prendiendome un cigarro, mientras la buenamoza bailaba encima de una mesa bañándose en ron. Le respondí que desde que trabajo de puta me dicen lo mismo, es cierto respondió él. Calientes los dos nos fuimos al patio de la casona, era un campo en vez patio. El viejo cochino me tiró al piso, se bajó los pantalones, me mostro su pene gordo y erecto y lo inyectó en mi boca, paso seguido, me dio vuelta, subió mi falda, resgó mi calzón y me penetró con fuerza. Chillé como cerdo. Cuando se rindió me dijo que la casona era de él, mirando hacia la gran mole que alumbraba el campo completo, que la mujer con la que se había casado no sabía de muchas propiedades que él tenía, las cuales visitaba cierto tiempo para sus fiestas calentonas.


había pasado un día completo y la fiesta no terminaba. La Feña buenamoza dormía en un rincón sin calzones y con la falda como polera, mientras otras, que ya no les quedaba nada de mujer, seguían jugando a ser putas. De a poco los viejos se empezaron a ir, cuando ya quedabamos la buenamoza, otras tres más que estaban inconcientes y yo, irritada porque nos decían que debíamos irnos solas, Marisio me dijo "tú y la flaca -por la Feña- se quedan, yo les diré cuando irse".


La Feña ya había despertado, cuando el viejo cochino de Marisio nos dijo que subieramos con él. El viejo se había bañado y el sol se ocultaba de un día de fiesta, nos invito a tomarnos un copete, que pidiéramos lo que quisiéramos. Estaba duro el viejo, se había tirados más cocaína que la nieve que hay en la cordillera, se le notaba por los ojos de diablo que tenía.


Apenas nos acomodamos en la pieza, el Teniente Merisio empezó a toquetear a la buenamoza y la hacia que ella hiciera lo mismo con él, yo me incluía al juego pero él me apartaba. Me senté a mirarlos fornicar, viejo asqueroso. Mientras penetraba con dolor a la Feña, me dijo que me acercara y al oído me dijo "¿Querí ver acción puta de mierda?". Cuando logré entender lo que había dicho sonó el cuello de la Feña buenamoza, mientras se la metía la había estrangulado y yo que estaba borracha y caliente, no me di cuenta que el chancho culiao la había matado, le dobló el cuello para que yo fuera testigo de su último respiro.


"Maricón, hijo de puta la mataste, cochino culiao" grite, empujándolo fuera de la cama; el gordo asqueroso me pescó y empezó a lanzar los puños grotescos de sus manos hacia mi rostro, yo trataba de zafarme usando mis brazos con fuerza cuando vi al lado de la cama el plato que había de la buenamoza con un cuchillo encima, con el cual había cortado un trozo de carne que había pedido con permiso de Marisio. Tomé el largo cuchillo y se lo enterré en su torzo con los ojos cerrados. Supe en mi juicio que había traspasado su grasa 43 veces.


Tomé el cuerpo de mi Feña y a la rastra bajé con él las escaleras, grite pero en la casona no había nadie. Era un maricon prostituo y asesino. Corrí como pude con el cadáver, lloré todo un camino entre árboles y malezas sin saber que hacer, quería volver a los vestidos de mi viejita, a las fiestas de mi papá, a los tangos de Eladia Blázques y Olga del Grossi.


Me encontraron acurrucada al cuerpo de mi Feña buenamoza detrás de unos matorrales. Me buscaron por una semana, después que uno de los cuidadores de la casona se diera cuenta que el auto del Teniente Marisio estaba estacionado y no se veía movimiento adentro. Lo encontro tirado desnudo mirando el techo con la gran cuchilla clavada en su estómago. Su mujer no lloró en el funeral, tampoco le tiraron flores al cajón cuando pasó muerto por las floristas del cementerio. Mientras que yo no puedo salir de una cárcel para dejarle unas cuantas a mi Feña buenamoza.



martes, 22 de diciembre de 2009

Insultame de nuevo con ese palo en la mano

Ya es tanto.
Tengo pastillas en mi mano, seis para ser exacta y tengo miedo de beberlas con agua. La sobredosis me quiere matar, pero pongo en duda si quiero morir. Entonces, pienso en las consecuencias, recuerdo nombres y pienso si ya tienen su propia vida, sólo me quedan dos nombres, y en realidad uno me importa más que el otro.

Me miro desnunda en el espejo, tengo los senos redondos, el cuerpo curvo y panzon. Mi pelo mojado y despeinado y mis ojos arden de rojo, arden de llanto y rabia. Están cansados de escupir lagrimas molestas y enojadas, ojalás fuera mi boca la que escupiera para acallar las palabras groseras que mis oídos humildes tuvieron que escuchar hace un rato atrás. Es que soy escoria, pero con ego y orgullo.

No quiero levantarme del piso, está tranquilo y silencioso, me creo cadaver y estoy tirada sin emitir sonido alguno. Oigo la televisión que la loca de al lado escucha, las herramientas de un tal maestro y a ciertos niños chapotiando en una piscina. Es verano y espero la oportunidad de las vacaciones para largarme de estas paredes que dudan de mi inteligencia, madurez y criterio, a veces hasta me persiguen con palos y manos para pegarme o insultarme por que la razón y la locura han perdido la cordura. Rimo más que tus groseras y sucias palabras de odio. Aún veo tu rostro viejo y brillante encima de mi, tus ojos ardían de rabia. Yo nunca te quite la mirada.

Tiembla mi corazón, lo escucho tiritar, y mi cabeza retumba más allá. Ya es tanto y quizás venga más, y así quieres una noche buena de navidad, para celebrar el nacimiento del hijo de tu Dios. Siempre es mejor el hijo de otro.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Entre todo

A veces me convierto en viento y vuelvo por las calles desconocidas,
recorro los paraderos y acaricio los autos al pasar,
me estanco entre los rincones y huelo la tierra acumulada en las esquinas,
huelo los cabellos salvajes y duros de los animales, y las pieles suaves y risueñas de los niños.

Como viento me vuelvo loco con las hojas, las elevo del suelo y las hago flotar como si fueron viento,
brisa, palabras y fracciones.
Subo hasta las nubes y las muevo de un lugar a otro, las junto con el sol,
las llevo al mar para que se refresquen o hacia los cerros para que giren como molino.

Soy viento deámbulando por los cielos, entre las piernas y los brazos,
rondeándo las cabezas y las ropas.
Despenjando mentes inalcanzables, que corren más allá de mil por horas
Horas que el viento no siente, no siente por que flota, y flota porque está en el cielo.
En el cielo no hay angeles.

jueves, 29 de octubre de 2009

Indicaciones para pensar, con introducción y conclusión

Intervenciones en la calle, abren los ojos de esta cabeza.
Bien abiertos observan la revolcuión de los muros, las ideas espontáneas de algun personaje,
que algun día será historia.
¿Pero qué paso aquí? gritan las ancianas buscando explicación al escándalo,
el escándalo del show masivo de saber que alguien se cansó de la idiotez humana.

Intervenciones cerebrales, para que recicle la basura de sucabeza,
vé, ya ni puede separar laspalabras.
Busque, dice un cartel, toda idea innecesaria y la escupe sin que la oigan,
entonces cuando ya ha hablado lo suficiente, comience a cranear.
Esto dolera un poco, se llama pensar. El pensar viene del dudar.
Intervéngase, si no lo ha hecho.
Comienze a ver que hay más mundo que esa pared rayada pidiendo atención,
que hay más personas desconformes.
Intervéngase y vengase, que sexual.
No tenga miedo en pensar.

Intervenciones coloquiales y elegantes de grandes cabezotas callejeras.
Y así recitan poemas los que se creen escritores, pensantes y no idiotas como usted.
No digo que alguien es más inteligente por creerse sabio, es más inteligente el que duda de serlo.
¿Lo ha pensado usted?
Comience a intervenirse sin verguenza, sin desazón.
Haga show.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Puto y puta


Putos días cambiantes y hormonales. Hay días felices en los que mi sonrisa aparece sola
hay otros, como estos, en los que se me revuelve el estómago y la cabeza,
esos putos días en los que ansío que todo pase.

Putos días asquerosos de sol y calor, de noches insómnicas y aburridas.
Y por la puta, no estás, no me has dicho nada. Estás en silencio.
Y quiero, mandarte una carta de amor imposible y ridícula, que leerás para apiadarte de mi.
No quiero nada, nada, nada. He perdido todo, todo, todo.
No quiero leer ni escribir, ni ser más sabia. Estoy hueca, vacia y soy estúpida.
No tengo saber para entretenerte, ni siquiera soy puta.

Quiero estar de pie en tu puerta, que la abras y me digas que entiendes.
No leo pero imagino, y así vivo, en la puta mente.

Putos y maricones días, sin hacer nada. No clases, no tareas, no mierda.
Comienzo amándolos y ahora te vas sin despedirte, puta.

lunes, 26 de octubre de 2009

Tu falda

Y quiero decirte que estoy dispuesta a jugar con tu falda,
que no tengo miedo
que nunca lo tengo, mas siempre tengo nervio.
No te haré daño porque no suelo hacerlo.

Quiero decirte que no importa mi pasado ni el tuyo,
que es bueno intentar y que me encanta que hagas todo para que me ria.
Que sé que me miras cuando crees que yo no te observo,
te equivocas siempre lo hago, por eso entendí que existías.

Puede ser que la realidad no sea está, que sólo sea un sueño,
y si lo es, es el mejor que he tenido.

Tarde de primavera


La cosa es que hay un cerebro que a veces vuela sin cesar, que no camina por las calles, y es cierto que el mundo está creciendo. Y es cierto que nada es lo mismo.

Hoy el sol resplandecia en la tarde, contaba historias de primavera que buscan dueño cada vez que el viento sopla alejando las nubes del cielo y evaporándolas por encima del mar. Me dijo que no queria verme nunca más confundidamente triste, dijo que se sentaría a mi lado para quererme, para decirme que soy hermosa, y yo le sonreí. Lo cierto es que, había olvidado lo inocente y que el sol si está en las tardes.

Se supone que alcanzaríamos a reírnos de la vida, a dejar atrás lo oculto, se supone que estaríamos sentados mirando el sol encima del mar. Encima del mar, como cuando navegabamos en los sueños, y me decías que caminabamos sin parar por lo lugares más bellos de nuestro mundo, porque era nuestro. Pero no llegaste a reir, ni a dejar lo oculto, menos a mirar el sol. Usé gafas, mientras esperaba que llegaras. Entonces me convertí en uno, mire mi cuerpo y tenía todo lo que un individuo debe tener; dos piernas, dos brazos, una cabeza, dos manos y pies, era mujer porque tenía todo lo que una debe tener. Podía hablar y pensar por mi, y no te necesité, me puse de pie y nadie me detuvo, baje y subí escalones y nadie me dijo que no lo hiciera, me quité las gafas y ahí estaba la tarde de primavera, y me recibía a mi, sólo a mi.